El respeto a la autonomía del paciente. Parte 3

En los dos anteriores artículos de esta serie consideramos el caso de M.M.F. al negarse a aceptar un tipo de tratamiento al que podía ser sometida en caso de necesidad. Vimos la implicación de un juez en el asunto y los fundamentos de derecho. Analicemos la conclusión a la que llegó el juez y a las que llegamos nosotros.

 Conclusión del juez
“En definitiva, teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, constándole a quien esto suscribe, por conversación mantenida con la interesada, su voluntad, libre, expresa y espontáneamente emitida de no autorizar la transfusión de sangre sobre su persona en ningún caso eximiendo al personal sanitario de responsabilidad por dicha decisión, adoptada previa la correspondiente información practicada por el equipo médico acerca de las consecuencias que el mantenimiento de dicha resolución podría implicar, siendo dicha persona mayor de edad y no apreciándose limitación física o mental alguna que pueda viciar la voluntad de aquella, ha de concluirse por respetar dicha voluntad, no concediendo la autorización solicitada para efectuar una transfusión sanguínea aún en el caso de que fuera necesaria. Y todo ello sin prejuicio, naturalmente, de la obligación que incumbe a los médicos y demás personal sanitario de adoptar las restantes medidas necesarias para procurar la salud del enfermo.”

Parte dispositiva
“DECIDO: que, respetando la libre decisión tomada por la paciente, deben adoptarse por el personal sanitario todas las medidas a su alcance para conservar la vida de la misma, excepto la realización de una transfusión sanguínea, a la que expresa y válidamente se ha opuesto DÑA. M.M.F.

Notifíquese la presente resolución a la interesada y al hospital Virgen de la Salud, así como al Ministerio Fiscal, indicando que contra ella cabe interponer recurso de apelación en el plazo de cinco días desde su notificación.

Así lo acuerda y firma D. F.O.Z, Magistrado-Juez del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número Uno de Torrelavega y su Partido; doy fe.”

Conclusiones
Esto solo tiene un nombre: “te ha salido el tiro por la culata”. O sea, pretendían imponer a la fuerza un tratamiento contra la voluntad del paciente y ahora resulta que el juez dictamina que no solo no da la autorización sino que obliga al equipo médico a que M.M.F. sea atendida con todas las medidas a su alcance excepto la transfusión. ¡Vaya varapalo!

Meditemos en todo lo pasado. Pero ¡cómo es posible que se quiera utilizar la autoridad de un juez para imponer un criterio al que se opone una persona mayor de edad! ¡Qué arrogancia y soberbia!

Por otra parte, ¡qué humildad la de este juez! El que tiene la autoridad dice que ¿quién es él para tener que decidir por otro? Si este equipo médico hubiera tenido una pizca de la humildad de este juez no se hubieran llevado este jarro de agua fría encima.

Sé que algunas personas estarán pensando que tal vez la posición de M.M.F. era un poco intransigente, que la vida estaba en juego, que el médico solo quería ayudarla, que el equipo médico solo quería lo mejor para ella. Pero ¿qué era lo mejor para ella? ¿Vivir sintiéndose ultrajada? ¿Cuántas veces hemos escuchado “prefiero morir de pie que vivir de rodillas”? ¿Cuántos millones de soldados dieron su vida por conseguir la libertad de los pueblos de Europa durante la II Guerra Mundial? ¿Cómo se les considera a estos soldados? ¿Héroes o villanos? ¿No es cierto que numerosos jefes de estado y autoridades les han hecho homenajes por entregar su vida por la libertad? ¿Acaso M.M.F. debe ser tratada como una villana por ejercer su derecho a la elección del tratamiento que considera más oportuno para ella?

Olvídense de los prejuicios. Aquí no estamos hablando de los testigos de Jehová, que por cierto son conocidos en todo el mundo por sus profundas convicciones morales y religiosas. Aquí estamos hablando de los derechos del paciente para escoger el tipo de tratamiento que considere más conveniente. Da igual cual sea el tratamiento que se rechace: una transfusión de sangre o sesiones de quimioterapia o radioterapia, vacunas, antibióticos, etc. Estamos hablando de la libertad.

Recientemente una conocida mía diagnosticada de cáncer de mama fue a su oncólogo y le dijo que no iba a seguir su tratamiento de quimioterapia. Reacción del juez. Le dio el alta médica. ¡Inaudito!

Le dijo que como no quería seguir su tratamiento el no tenía nada que hacer. Se negó a que le hicieran pruebas de seguimiento de su estado clínico. Como dijo el juez, hay que quitarse el “halo de infalibilidad” que se les ha subido a la cabeza, y nunca mejor dicho, y ser un poquito más humildes.

Es decir, estos señores médicos están cobrando sus salarios gracias a los impuestos que pagamos los pacientes, y ahora vamos a la Seguridad Social y no nos quieren atender a no ser que sea a su manera. Se imaginan que ustedes contraten a un albañil para que les haga un trabajo en su casa, ustedes le pagan por adelantado y ahora él se niega a realizar el trabajo porque ustedes quieren que sea de una manera determinada. Yo entendería que en la medicina privada fuese lógico que el médico pusiera sus condiciones porque para eso es su clínica, pero en la medicina pública somos nosotros los que les estamos pagando su salario. Pues para que vean, es todo lo contrario. Vayan ustedes a la medicina privada y les recibirán con los brazos abiertos, les tratarán como ustedes quieran, que no quieren sangre, pues sin sangre, que no quieren quimioterapia, pues sin quimioterapia, como ustedes van a pagar. Pero en la medicina pública…

Precisamente hoy sale en la prensa un artículo de una joven de 13 años a la que se la ha respetado su derecho a elegir su tratamiento, yendo en contra de lo que el equipo médico recomendaba.

Según el periódico El Mundo: “Ante su negativa, la dirección del hospital que la atiende –el Herefordshire Primary Care Trust de Hereford (Reino Unido)- decidió en un primer momento acudir a los tribunales para retirar temporalmente la custodia a sus padres y 'obligar' a la adolescente a someterse a la cirugía; sin embargo, tras varios procedimientos legales y el informe de un funcionario de la oficina del defensor del menor, el centro ha decidido retirar la demanda”.

Es decir, si una joven madura y responsable es respetada por sus convicciones ¿se debía haber tratado a M.M.F., mayor de edad como se la trató?

En fin, ustedes se preguntarán ¿pero cómo terminó todo con M.M.F.? Pues en efecto fue operada, sin transfusiones de sangre, y fue un éxito. Creemos que fue sin transfusiones de sangre, porque claro allí no estaba el juez para verlo, y la paciente estaba inconsciente por la anestesia. Este es otro tema para debatir ¿qué harán muchos médicos con nosotros sin que lo sepamos y sin nuestro consentimiento?

Como dice un viejo aforismo: “¡Cuídeme Dios de los médicos que de mi salud me cuido yo!”. Yo no sería tan tajante pero sí diría: “¡Cuídeme Dios de algunos médicos, que de mi salud me seguiré preocupando yo!”

Temas relacionados:

La elección de tratamiento médico: derecho de todo paciente. Parte 1

¿Debe un juez decidir qué tipo de tratamiento médico debemos seguir? Parte 2

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