Reflujo gastroesofágico. Síntomas y tratamientos

ES UN TRASTORNO DE CARÁCTER BENIGNO, PERO CON SÍNTOMAS MUY MOLESTOS, QUE AFECTA DESDE LACTANTES A ADULTOS

Aunque en el estómago hay una gran cantidad de ácido, lo normal es que no produzca molestias porque sus paredes están preparadas para soportarlo. Sin embargo, cuando el ácido sube del estómago al esófago se tiene la sensación de ardor (y a veces de dolor) porque las paredes del esófago son más sensibles. Por tanto, en la mayoría de los casos, el ardor se debe al paso del ácido desde el estómago hacia el esófago. Esto es lo que se llama reflujo gastroesofágico ("reflujo", de fluir hacia atrás, y "gastroesofágico" que indica la dirección de estómago (gastro) a esófago).

¿Y a qué se debe que ese ácido que está en el estómago suba hacia el esófago, cuando para evitarlo existe una válvula (cardias) que permite que los alimentos pasen desde el esófago al estómago, pero impide que el ácido y los propios alimentos retrocedan? Pues, simplemente, se debe a que en determinadas ocasiones esta válvula falla (su fuerza disminuye) o se abre muchas veces de forma inadecuada, y es entonces cuando se produce el reflujo.

Se trata de un trastorno muy frecuente en la población y, aunque es de carácter benigno, es conveniente no descuidarse, de ahí que sea oportuno acudir al médico ante la persistencia de sus síntomas, pues puede tornarse crónico y afectar de forma importante a la calidad de vida de quienes lo padecen. Su lado positivo es que es susceptible de ser mejorado mediante fármacos específicos o, en casos más graves, con una intervención quirúrgica o con la aplicación de las nuevas técnicas endoscópicas.

Hay que distinguir entre Reflujo Gastroesofágico (RGE), que implica el proceso arriba citado, y Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico (ERGE). El Profesor Manuel Díaz-Rubio, Jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, y autor del libro de reciente aparición "Convivir con el Reflujo Gastroesofágico", pone de relieve que hablamos de "enfermedad por RGE" cuando existen síntomas o lesiones como consecuencia de la existencia de reflujo.

Las nuevas técnicas para medir el reflujo revelan que, a lo largo de 24 horas, hasta en el 4% de ese tiempo una persona sana puede sufrir RGE, preferentemente por la noche. Hasta ahí el trastorno puede considerarse normal, pero cuando se supera dicho porcentaje y el reflujo se manifiesta en otras situaciones posturales (al estar sentado, de pie o acostado), el problema se agrava. Cuándo se manifiesta y en qué intensidad determina las medidas dietéticas a adoptar y la medicación que prescribirá el médico en cada caso.

Conocer la dolencia

Los síntomas más sobresalientes del reflujo gastroesofágico son la pirosis (sensación de dolor o quemazón en el esófago) y la regurgitación, aunque pueden existir otros muchos de carácter muy diverso, algunos incluso más complejos, que pueden prestarse a confusión con otras enfermedades (dificultad para tragar, producción aumentada de saliva, náuseas, vómitos, etc.).

En principio afecta por igual a ambos sexos; sin embargo, la presencia de lesiones en el esófago (esofagitis) por RGE es tres veces más frecuente en el hombre que en la mujer. No obstante, en el embarazo el RGE se convierte en un trastorno muy frecuente. Por edades, su presencia es más notable en la edad adulta, si bien cada vez se observan más casos en personas jóvenes e, incluso, en lactantes y niños pequeños.

Origen y diagnóstico

El diagnóstico es fácil y en la mayoría de los casos el médico puede diagnosticar el reflujo gastroesofágico tan sólo conociendo las molestias del paciente. No obstante, a veces pueden surgir ciertas complicaciones, en cuyo caso el médico decide visualizar el esófago por dentro, mediante endoscopia, para ver si en él existe inflamación y conocer el alcance del daño producido.

Pero a pesar de ser una enfermedad frecuente y perfectamente conocida por los médicos, se desconoce, sin embargo, dónde reside la causa principal que la produce. "Sabemos muchos de los mecanismos que intervienen en la producción del reflujo, pero no por qué se inicia", confirma Díaz-Rubio.

Asimismo, existen factores dietéticos o determinados estilos de vida que pueden contribuir al reflujo gastroesofágico: el chocolate, la pimienta o especias, la menta, las grasas, el café, el tabaco y las bebidas alcohólicas favorecen la relajación del esfínter esofágico inferior y, por lo tanto, el reflujo. Además, todas aquellas situaciones que supongan un aumento de la presión intraabdominal (obesidad, embarazo, determinados tipos de ejercicio físico) favorecen también la enfermedad.

Tratamiento

El reflujo gastroesofágico, salvo complicaciones excepcionales, es fácilmente controlable por el paciente, que tan sólo ha de acudir al especialista cuando su médico de cabecera así lo recomiende. En muchos casos, sin saber por qué, el paciente mejora y puede pasar épocas sin necesidad de tomar medicación y sin presentar síntomas. Un aspecto importante es que, con una frecuencia extraordinaria, los síntomas se repiten de forma similar de un episodio a otro, si bien en ocasiones pueden cambiar no sólo de cualidad y frecuencia, sino aparecer nuevos síntomas que pueden confundir al paciente. Siempre que aparezcan síntomas nuevos o diferentes a los que se venían presentando, se debe acudir al médico por si es necesaria una reevaluación.

El tratamiento del reflujo gastroesofágico va a depender de su gravedad. En los casos leves, se procurará controlar los síntomas mediante fármacos específicos; en los más graves o complicados, la cirugía es una buena opción.

El tratamiento farmacológico no excluye las medidas dietéticas y posturales, sino que éstas deben mantenerse, puesto que está demostrado que ayudan sensiblemente al buen control clínico de la enfermedad. Existen fundamentalmente dos tipos de tratamiento medicamentosos: fármacos que disminuyen las secreciones ácidas del estómago o bien, las neutraliza (antiácidos), y fármacos que aumentan el tono muscular del esfínter esofágico inferior y favorecen el vaciamiento del estómago; son conocidos como procinéticos.

 

MEDIDAS PARA CONTROLAR LOS SÍNTOMAS
En un 25% de los casos, algunas medidas dietéticas y posturales permiten un adecuado control de los síntomas.

» Evitar comidas y bebidas que favorecen la relajación del esfínter esofágico inferior: grasas (especialmente fritos), pimienta y especias, chocolate, alcohol, café, frutos cítricos y tomate.

» Perder peso en caso de obesidad o sobrepeso.

» Dejar de fumar.

» Elevar la cabecera de la cama unos 10 centímetros. Es importante NO colocar almohadas, ya que lo único que consiguen es flexionar el cuello. Se trata de lograr una inclinación de todo el tronco, para lo que se aconsejan camas articuladas o colocar tacos de madera en las patas de la cabecera de la cama.

» No acostarse antes de transcurridas 2 ó 3 horas desde la última comida.

  EN NIÑOS

Un capítulo aparte merece el RGE en lactantes, en quienes se presenta con relativa frecuencia. Este fenómeno, según los especialistas, es normal, muy conocido por todos los padres y no alberga mayores consecuencias sobre la salud del niño. Pero al igual que en los adultos, hay que diferenciarlo de la Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico que sí puede acarrear consecuencias, a veces graves, en la salud del niño.

El RGE en niños es atribuido a que el desarrollo del esfínter esofágico inferior en el lactante es aún incompleto y la posición horizontal es casi una constante durante sus primeros meses de vida, de lo que se deduce que el reflujo tenderá a mejorar con la edad; de hecho es evidente observar una mejoría entre los 18-24 meses. Inicialmente, el pronóstico es, por tanto, bueno, pero no por ello la consulta al pediatra debe hacerse esperar. Hay que tener en cuenta que los síntomas a veces coinciden con los de la intolerancia a las proteínas de la leche, por lo que es muy aconsejable hacer una visita al pediatra.

Por lo general, se recomienda no acostar al bebé inmediatamente después de comer, sino dejar pasar por lo menos una o dos horas; además, es conveniente acostarlos en una posición ligeramente inclinada, con la cabecera de la cama o de la cuna algo elevada.

Cuando el pediatra realice su diagnóstico y prescriba un tratamiento, seguramente recomendará -y si no hay que preguntárselo- unas técnicas adecuadas para conseguir que el bebé expulse adecuadamente el aire, así como unas normas dietéticas. Los niños obesos o con sobrepeso presentan más reflujo que los que tienen peso normal.

Sintomatología en niños

- Vómitos y eructos frecuentes.

- El bebé tarda en ganar peso.

- Rehúsa comer, rechaza el pecho o el biberón.

- Hipo y tos persistentes.

- Episodios frecuentes de ahogamiento y sofocos.

- Llanto repentino y frecuente.

- Mal aliento.

- El niño se queja de dolor en el pecho y al comer.

- Trastornos del sueño, con despertares frecuentes.

Más información: www.aegastro.es www.infogastro.es; www.elperiodelafarmacia.es

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