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El sistema inmunológico: cómo funciona y cómo mejorarlo

El sistema inmunológico es una de las claves para tener una buena calidad de vida ya que nos defiende de nuestras enfermedades y de muchos agentes patógenos. Es el responsable de impedir la entrada en nuestro cuerpo de patógenos indeseables y peligrosos (virus, bacterías, alérgenos, etc.). Cuando alguno de estos enemigos se introduce en nuestro cuerpo, el sistema inmune se pondrá en estado de alerta y escogerá la estrategia de defensa más conveniente según sea una de las dos posibles situaciones que se presenten.

Se pueden presentar dos situaciones diferentes

1 – Que nuestro enemigo (bacteria, virus, etc.), ya haya entrado antes en nuestro organismo.  Entonces el sistema de defensa ya tiene almacenado toda la información sobre quién es, donde tiende a atacar y cómo acabar con él, porque el sistema inmune guarda y almacena la información de todos los ataques recibidos en el cuerpo a través de las células de memoria y, por lo tanto, utiliza esta información para los próximos ataques.

2 – Que el patógeno sea desconocido para el sistema inmunológico. Entonces el sistema inmune atacará con toda su artillería, pero de una manera menos organizada ya que no sabe nada del agente patógeno y no tiene la información para su correcta eliminación. En este caso nuestro organismo tendrá reacciones curativas más intensas.

Estructura y funcionamiento del sistema inmunológico

Para entenderlo de forma sencilla, nuestro organismo se parece a una ciudad amurallada, con sus torres de vigía y centinelas. El enemigo o agente patógeno primero tiene que atravesar la muralla para entrar en la ciudad.

La piel y la mucosa de la boca y la garganta

La piel es la primera barrera que las bacterias y agentes patógenos tienen que atravesar, y no lo tienen nada fácil, porque gracias a la descamación diaria de la piel nuestro cuerpo se desprende de todos los microbios que se adhieren a nuestra piel. Si no hay heridas (brechas en el muro) no suele haber problemas.

Sin embargo, puede que piense que podemos ser vulnerables por la boca y la nariz. Tiene razón, son más vulnerables que la piel pero no estamos tan indefensos. La mucosa de la boca y la garganta tienen sustancias protectoras que nos defenderán. Entre estas sustancias está la lisozima. Esta sustancia natural destruye la membrana celular de los microbios. Esta sustancia se encuentra en sudor, saliva y lágrimas y explica porqué los animales se lamen las heridas como protección.

Supongamos que el microbio consigue pasar esta primera barrera o muralla y entre en la ciudad, nuestro cuerpo, debido a una herida. A continuación nuestro ejército de células especializadas se pondrán en acción: los leucocitos o glóbulos blancos. Aquí tenemos que distinguir entre tres tipos de células y con funciones distintas especializadas: monocitos, neutrófilos y linfocitos.

Los monocitos

Si los monocitos reciben el aviso de que una región está inflamada por la entrada de un agente infeccioso abandonarán la corriente sanguínea y se dirigirán al tejido afectado. Allí devorarán al patógeno infeccioso. Los monocitos segregarán una sustancia llamada citoquinas, que preparan al cuerpo para combatir la infección, por ejemplo provocar la fiebre. La fiebre como ya hemos hablado en otras ocasiones en SaludBio es un mecanismo de defensa que nos advierte de que hay un problema, pero que facilita la curación al destruir los microbios o bacterias que no soportarán el aumento de temperatura que experimenta nuestro cuerpo.

Los neutrófilos

Los neutrófilos al igual que los monocitos se dirigirán a la zona afectada y ayudarán a los monocitos a eliminar las bacterias. Cuando en esta lucha interna mueren las bacterias y los neutrófilos, el organismo los expulsa en forma de pus. Así que el pus es otro tipo de defensa contra la infección. Una vez producida la lucha, habrán quedado unos residuos que los linfocitos tendrán que ‘analizar’ o ‘recopilar’ para alertarlos del invasor.

Los linfocitos

Los linfocitos, por lo tanto, son la brigada especial antiinfecciosa, elaboran los anticuerpos, sustancias que se combinan de forma específica con un determinado fragmento del microbio.

Existen dos grupos de linfocitos, con finalidades distintas. El primero lo constituyen las células B, las cuales liberan en la sangre los anticuerpos que producen. Se dice que las células B son el brazo armado de la respuesta inmunitaria y atacan al enemigo con extrema precisión. Estos “buscan” el microbio que reconocen y, como flechas, le atacan en alguna parte vital. El segundo equipo principal de linfocitos lo forman las células T, que llevan anclados en la superficie los anticuerpos que han reconocido a fin de utilizarlos contra el enemigo en un combate mano a mano, por así decirlo.

Pero nuestro sistema inmunológico es todavía más complicado ya que un subgrupo de las células T, las células T auxiliares ayudan a las células B para producir más anticuerpos y parece ser que se “comunican” entre sí, produciendo un intercambiando de información del agente infeccioso.

Además están las células asesinas naturales, que aunque no producen anticuerpos, están listas para exterminar cualquier célula que se haya vuelto “extraña” a consecuencia de la infección.

No olvidemos que todo este proceso quedará grabado en la memoria inmunológica de los linfocitos, así que si vuelve a presentarse el mismo enemigo en otra ocasión, nuestro sistema inmunológico ya tendrá los anticuerpos necesarios para acabar con el enemigo sin contemplaciones.

Recordemos, por último, que los macrófagos, además de iniciar todo el proceso de defensa, cumplen la función de barrenderos de la ciudad, ya que permanecen en la zona afectada reduciendo la inflamación y limpiando la zona afectada de fragmentos celulares, células muertas y otros residuos. Sin duda, una maravilla de diseño.

¿Qué pasa si su sistema inmunológico está débil?

Hoy en día casi nadie tiene el sistema inmunológico al 100%. La mala alimentación, el tabaco, la contaminación, las pocas horas de descanso nocturnas y una actitud mental negativa son las principales causas del debilitamiento de nuestro sistema inmunológico. Y si nuestras defensas no están a pleno rendimiento nos sentimos débiles, aletargados, con poca energía y deprimidos, por lo que seremos más propensos a ser invadidos por cualquier virus, bacteria o microbio nocivo. Por otra parte, los medicamentos y antibióticos que se suelen tomar tan habitualmente, lejos de ayudarnos a mejorar, debilitan nuestro sistema inmunológico.

Esta situación, en muchas ocasiones es difícil de resolver, y a lo mucho que podemos aspirar es a aliviar los síntomas.

Cómo mejorar nuestro sistema inmunológico

1 - En primer lugar mejorar nuestra dieta; una buena nutrición es una de las mejores maneras de tener un sistema inmune fuerte y no olvide estar bien hidratado con agua lo más pura posible.

2 - Tener una actitud mental positiva es clave para mejorar nuestro sistema inmunológico. Pensar de manera positiva, tener una actitud de alegría ante la vida es muy importante para no deprimir a nuestro sistema inmunológico.

3 - El ejercicio físico nos mantiene jóvenes y fuertes.

4 - Cepillado de la piel en seco. Por la mañana antes de la ducha con un guante de cuerda o un cepillo de cerdas se da una frotación por todo el cuerpo (sin hacerse daño) para acelerar la descamación de la piel. Además mejorará la circulación de la sangre a la zona de la piel y cumplirá mejor con sus funciones. 

5 – La práctica de terapias como el masaje y la relajación son también de gran ayuda.

6 – Suplementos nutricionales.
Todas estas son buenas herramientas para mejorar la fortaleza del sistema inmunológico, pero a veces no es suficiente. El paso de los años ha producido un daño y recuperar lo perdido no es tan sencillo.

Numerosas empresas dedicadas a la suplementación nutricional buscan la manera de encontrar la manera fortalecer nuestro sistema inmune con suplementos nutricionales. Algunos de estos son: Imuno-Strength de la casa Lamberts o la simple vitamina C.

Ultimamente se está dando mucha importancia a los factores de transferencia. Estos son moléculas obtenidas de un extracto dializable de leucocitos que aumentan la capacidad de respuesta de nuestro sistema inmunológico. Por lo tanto, como vemos, tenemos herramientas a nuestro alcance para mejorar nuestro sistema inmune.

Pero para concluir, ¿no le parece que la mejor manera de tener un sistema inmunológico sano es cuidando este maravilloso y complejo regalo con el que nuestro Creador dotó a los seres humanos para su protección?

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Comentarios

muy bello todo m sirvio d mucho para mi familia,mi hija tnia tarea sobre ste tema y ami hija mas pekeña la tngo nferma y presisament le suspendieron un medikamento el cual al parecer le sta afectando su sistema inmunologico y yo tnia miedo a suspendrlo

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