La importancia del agua en la salud

Si para nuestra salud el aire es el primer alimento, no lo es menos el agua; sin embargo, aunque cada vez somos más conscientes de este hecho, no se le suele dar la atención que merece

La mayor parte de los habitantes de los países desarrollados ignoran el papel capital que el agua juega en todas las manifestaciones de la vida. Es posible que elijan con cuidado sus alimentos, pero como si el agua fuese un «pariente pobre» de la alimentación, les basta con asegurarse de que no les causará cólera o tifus. En realidad, la importancia del agua es trascendental.

La vida depende del agua

El agua hace que sea posible la vida en nuestro planeta. Los seres humanos, los animales, las plantas, y el ecosistema en su totalidad, todo depende de ella. Como escribe Michael Parfi en el National Geographic, vivimos «por la gracia del agua». Materia perfecta, fecunda, simple, el agua condensa valores eternos. Tesoro frágil, el agua forma parte de la intimidad de la Tierra y de los seres vivos.

Dos tercios del peso de cada persona consisten en agua. La pérdida de una quinta parte de sus componentes fluidos representa la muerte del organismo, mecanismo sutil en que cada mililitro cuenta. El agua es más que un elemento esencial para la vida: es insustituible como bebida y en la cocina, para la higiene personal y doméstica, para la agricultura y para la ganadería, para la limpieza pública, para muchos procesos industriales y para la producción de energía.

El ciclo hidrológico

A través del fenómeno de la evaporación, el agua participa en un ingenioso proceso de regeneración. Se estima que este mecanismo retiene durante ocho o diez días las partículas de vapor de agua en la atmósfera; varias semanas en los cursos de agua superficiales o subterráneos; varios meses en depósitos líquidos (lagos y mares) o sólidos (capas de nieve); y siglos, en los glaciares. Con ello, sobre todo bajo la acción bienhechora del sol, el agua se purifica y recupera su vitalidad.

La perpetuación de este ciclo vital permite deducir que la masa de elemento líquido apenas ha variado desde la formación de los océanos, hace millones de años. iDe manera que el agua con la que hoy el ama de casa pone en remojo la lechuga puede haber formado parte de aquella en que se bañaron Nefertiti o Cleopatra!
El agua cubre las tres cuartas partes de la superficie terrestre. Un autor, Kirkpatrik Sale, escribió que la eterna pero siempre cambiante agua hace que la Tierra tenga «una vista única en todo el Universo conocido». Y sugiere que eso «que denominamos planeta Tierra, debería llamarse con más propiedad el planeta Agua, pues es el azul y el blanco lo que define este globo; y el marrón y el verde son, desde la perspectiva celeste, sólo interrupciones en el pano-rama azul».

De sus 1.360 millones de kilómetros cúbicos, cerca de 30 se hallan en las regiones polares, en forma de hielo. El agua dulce en estado líquido (9 millones de km3), sólo representa un 0,65 % del volumen total.

Desde el punto de vista humano, el ciclo de renovación del agua no es equitativo ni metódico. Anchas extensiones de tierra reciben poca lluvia, son pobres en ríos y en reservas de agua subterránea, en cambio otras regiones disfrutan de precipitaciones frecuentes. Esto hace, por ejemplo, que mientras para sus necesidades domésticas un habitante de Madagascar debe contentarse con 2 m3 de agua al año, el ciudadano de Nueva York derrocha alegremente 150. Y, en cuanto a cantidad, se ha dicho que «la lluvia es el canto de la tierra», pero unas veces ocasiona terribles inundaciones, a la vez que por falta de lluvia los desiertos avanzan cada año 50.000 km2., es decir, algo más de la mitad de la superficie de Portugal, lo que augura una grave situación en este milenio.

Enfermedades relacionadas con la contaminación del agua

El agua sólo es pura en el momento en que se condensa en las nubes, perdiendo su pureza cuando las gotas de lluvia o los copos de nieve absorben los gases presentes en el aire. Por su composición, únicamente hidrógeno y oxígeno, el agua en estado puro carece de sabor. Éste lo adquiere absorbiendo sales minerales de la tierra. Los humos industriales, y sobre todo el nitrógeno y los gases sulfurados contribuyen a que la lluvia sea ácida. El gas carbónico mejora su gusto pero la hace más agresiva y corrosiva.

Llegada al suelo, el agua penetra en él o se desliza por la superficie. Las sustancias orgánicas o minerales, al mezclarse o disolverse en ella, pueden hacerla beneficiosa o perjudicial. La contaminación por materias fecales puede originar cólera, tifus, paratifus, amebiasis, disentería bacilar, hepatitis infecciosa y provocar graves epidemias. La contaminación industrial y doméstica añade a las impurezas del agua sustancias químicas y residuos biológicos. Causando enfermedades y envenenamientos, el agua puede significar un peligro mortal.

Fuentes de contaminación del agua

La acumulación humana en grandes ciudades es un importante factor de contaminación, tanto por la cantidad de excrementos y orina como por los residuos alimenticios, detergentes y otros líquidos que van a parar a las alcantarillas, las cuales vierten su contenido al mar, directamente o por medio de los ríos. Podría pensarse que, como el mar tiene mucha agua, puede diluir todos los residuos reduciendo la contaminación a un grado insignificante. En realidad, la difusión y la movilidad de las materias vertidas en el mar son muy lentas, por lo que se establece una contaminación permanente junto a la costa.

La agricultura es otra de las causas de contaminación debido al empleo de sustancias químicas, abonos, herbicidas, insecticidas, etcétera. Esta contaminación no se limita al agua, sino que afecta también a los vegetales y, por lo tanto, a los alimentos con destino humano y para el ganado, pasando a las carnes, a la leche y a sus derivados. Los residuos de nitratos de los abonos llegan a ocasionar alteraciones de la hemoglobina. La transformación de los nitratos en nitritos en el agua extermina totalmente la fauna acuática en muchas regiones.

También la ganadería contamina el agua a causa de la acumulación de purinas. Curiosamente, en la industrialización de alimentos y en los mataderos, con su elevada utilización de agua, se produce una importante contaminación bacteriológica.

Por su parte, las industrias de conservas y de derivados lácticos contaminan las aguas con gran cantidad de materias orgánicas. Otras industrias, principalmente las químicas, las de curtidos, las mineras y las metalúrgicas, suelen verter importantes cantidades de residuos minerales, algunos muy tóxicos. También causan contaminación los residuos de las fábricas de detergentes. Pero la mayor contaminación es la ocasionada por el vertido de productos petrolíferos. Se calcula que los barcos arrojan al mar -sistemática o accidentalmente- no menos de 5 millones anuales de toneladas de petróleo o derivados, que se esparcen en forma de fina película sobre la superficie, causando la muerte de centenares de miles de aves. El sistema es diabólico. Cuando el ave se posa en el agua, sus plumas se impregnan de petróleo y quedan pegadas entre sí, impidiéndole volar y perdiendo sus propiedades termoaislantes, con lo que el ave queda condenada sin tardar a una muerte inevitable.

Los residuos del petróleo afectan también a la vida marina, cuya fauna suele desaparecer totalmente de las zonas afectadas por la contaminación petrolífera. Es posible que algunos animales puedan resistir la contaminación, pero en este caso se convierten en un depósito concentrador de sustancias contaminantes. En algunos tipos de moluscos se ha registrado la presencia de benzopireno, un derivado del alquitrán altamente cancerígeno. Y la contaminación de mercurio en atunes dio lugar a la tristemente célebre enfermedad de Minamata, en el Japón.

Saneamiento del agua

Para evitar tan graves contaminaciones, el hombre debe pensar seriamente en los medios eficaces que puede adoptar para que el desarrollo tecnológico no acabe convirtiendo el agua, base de toda la vida en la Tierra, en una deletérea sustancia. En cuanto al saneamiento del agua para el consumo de las poblaciones, cada vez son mayores las cifras que se invierten en instalaciones de depuración y tratamiento de las aguas. Pero no siempre ha sido fácil tomar tales medidas, ni todavía se toman en muchas regiones del globo.

En el siglo XIX, el agua contaminada de los ríos causó graves epidemias de cólera en Inglaterra. Fueron necesarios 30 años de trabajo incansable y abnegado de un verdadero adalid de la salud pública, Edwin Chadwick, para vencer con el apoyo de un corto grupo de entusiastas (entre ellos Charles Dickens) los formidables obstáculos de la ignorancia y los intereses creados y para hacer posibles las heroicas proezas de la ingeniería sanitaria inglesa de fines de la época victoriana: el trazado racional de los sistemas de alcantarillado, la construcción de depósitos protegidos para el agua potable y la instalación de plantas de bombeo y tratamiento.

Las medidas de saneamiento aplicadas en los países desarrollados seguirán aplicándose y ganarán progresivamente en eficacia. Pero las nuevas técnicas industriales, más respetuosas acerca del agua, los modernos métodos de aprovechamiento de residuos y la depuración de aguas residuales deben ponerse cuanto antes a disposición de los países en desarrollo, para que no se repitan en perjuicio de las tres cuartas partes de la humanidad los errores que han jalonado, durante los cien últimos años, la historia del saneamiento del medio en los países industrializados.

Lamentablemente, todavía hay gobiernos que consideran más urgente una compañía nacional de transportes aéreos -cuando no la adquisición de los últimos modelos de aviones militares- que el suministro de aguas y el saneamiento de la capital del país. Y en el medio rural, las carreteras de acceso tienen prioridad sobre el abastecimiento de agua potable. Todavía millones de mujeres y niños se agotan transportando recipientes con agua obtenida en fuentes o pozos cada vez más lejanos y más contaminados.

Situación actual

Durante los últimos mil años, la humanidad ha logrado tantos éxitos que resultaría prolijo enumerarlos. La llegada del hombre a la Luna es quizá el más espectacular de ellos, pero debería avergonzarnos que, por el contrario, no se hayan podido resolver lacras tales como las injusticias, las guerras, el hambre. La ONU recuerda que un 25 % de la población mundial no dispone de agua potable. Entre 5 y 10 millones de personas mueren cada año debido a enfermedades transmitidas a través del agua.

Y todavía nos hallamos inmersos en sorprendentes errores. La revista Life incluyó la potabilización del agua con cloro como el avance «probablemente más importante en la salud pública de las personas de todo el milenio». ¿Cómo es posible que se ignore que la aplicación intensiva de oxidantes como el cloro puede dar lugar a la formación de nuevos subproductos tóxicos con riesgos suplementarios para la salud? El análisis de agua potable de Nueva Orleans reveló la formación de cloroformo y otras 65 sustancias químicas orgánicas debido a la cloración del agua, algunas de ellas tóxicas e incluso cancerígenas.

Un informe del Consejo sobre la Calidad del Ambiente, de la Presidencia de los Estados Unidos, afirmó que el agua tratada con cloro constituye un factor que favorece la aparición de cánceres de colon, de recto y de vejiga urinaria. Para evitar este riesgo, la Compañía Francesa General del Agua construyó en Choisyle Roi una nueva instalación que suministrará agua potable a los parisienses. El procedimiento empleado para depurar el agua empieza empleando las técnicas ordinarias de decantación y de filtración, pero seguidamente, en lugar de añadir al agua cloro o productos bactericidas que le dan un sabor insoportable, se hace borbotar ozono en el agua. El ozono, oxígeno triatómico, tiene propiedades decolorantes, desodorizantes y mata los virus. Además, descompone un cierto número de moléculas químicas que todavía pueden hallarse en el agua y las hace inofensivas. El ozono tiene una superioridad muy grande sobre el cloro, ya que se descompone a sí mismo, transformándose en oxígeno ordinario y hace perfectamente potable el agua.

Un descubrimiento para la limpieza del agua

Un equipo de investigadores de la Universidad de Leicester (Inglaterra) dirigido por el profesor Geoff Folkard descubrió, las virtudes de la semilla de moringa oleifera. Por desconocimiento de sus numerosas propiedades, los campesinos del sur de Nigeria desprecian este árbol al que denominan «idagba manoye» (crece no importa cómo). Se trata de un árbol originario del norte de la India que alcanza unos 4 m en su edad adulta. Tiene la ventaja de poder crecer en terreno poco fértil, necesitando pocos cuidados, y es productivo al cabo de un año. Además de sus semillas, ofrece hojas y flores ricas en proteínas y en vitaminas A y C, en calcio y en hierro. Según el profesor Folkard, contiene también un aceite utilizable para la cocina, la fabricación de cosméticos y como carburante para ciertas lámparas. Pero su más importante descubrimiento es que las semillas de este árbol tienen la particularidad de filtrar el agua contaminada, con tanta eficacia como los productos químicos tales como el sulfato de aluminio, que por su elevado coste los países pobres no tienen posibilidad de adquirir. Tritura-das y mezcladas con el agua fangosa e impura de los ríos, atraen como un imán a las bacterias y los virus, que seguidamente aprisiona. Una hora después de haber sido así naturalmente tratada, el agua es perfectamente potable.

Financiados por el Ministerio Británico de la Cooperación y la Comisión Europea, el equipo del profesor Folkard prolongó sus trabajos de laboratorio durante 7 años al sur de Malawi, donde fueron plantados algunos de estos árboles cerca de la población de Nsanje. «Cerca de 1.300 millones de personas del tercer mundo no disponen siempre de agua potable», explica el profesor Folkard, que añade: «Las inevitables consecuencias del consumo de aguas no tratadas son la enfermedad, la diarrea y la muerte». Según él, más de 6 millones de niños mueren cada año de infecciones después de haber bebido agua contaminada. «Numerosos países en vías de desarrollo podrían economizar enormes sumas de dinero explotando el moringa», estima el profesor Folkard citando el ejemplo de Malawi, donde se gastan anualmente en promedio 640.000 dólares para importar, desde Africa del Sur, productos necesarios para el tratamiento del agua. Y termina diciendo: «Espero que el buen sentido se impondrá», convencido de que la concluyente experiencia de Malawi pueda extenderse a numerosos países del tercer mundo.

Debemos respetar la naturaleza

La solución de los problemas del agua -como muchos otros- estriba en el respeto a la Naturaleza. Antes de recurrir a drásticas medidas para corregir nuestros errores, se debería procurar evitarlos. Se admite que es necesario preservar la biodiversidad, pero ¿se toman medidas eficaces en su defensa? Quejas y lamentos responden a las catástrofes producidas por lo que se ha venido en llamar «el Niño». Sin embargo, la mayoría de la gente -y de los gobiernos- contempla con indiferencia la progresiva destrucción de la Amazonía. Y en las reuniones en las que se trata de la recuperación de la capa de ozono, se toman tibias medidas a poner en práctica a largo plazo. Aumentan la frecuencia de devastadoras inundaciones y, a la vez, la desertización se va extendiendo, pero lo que podría regular el régimen de lluvias, que son los terrenos forestales, van siendo sustituidos por zonas de monocultivos, cuando no industriales o urbanas. La importancia de los bosques, desde el punto de vista ambiental, es otra cuestión que hay que tener muy en cuenta.

Cómo transformar agua salada en agua potable

Los materiales que se necesitan:

  • Un gran recipiente de vidrio
  • Pintura negra
  • Pincel
  • Un vaso de vidrio
  • Un canto rodado
  • Un plástico transparente
  • Agua salada
  1.  Pintar un recipiente de negro. Una vez seco, verter el agua salada
  2.  Poner el vaso de vidrio en medio, cuidando de que no flote.
  3. Tapar el recipiente con el plástico, y ajustarlo a los bordes con un elástico.
  4. Poner el canto en el centro del plástico para poder curvarlo ligeramente hacia el vaso.
  5. Poner el destilador bajo el sol. El agua se evaporará, condensándose en el plástico y gota a gota se depositará en el vaso.

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