La enfermedad como hiper o hipoactividad, agudo o crónico

En nuestro artículo Salud y enfermedad: definiciones, hemos definido lo que es salud y enfermedad desde diferentes criterios, desde la ecología a la medicina china, pasando por la medicina convencional, homeopatía y medicina natural.

En una de esas definiciones de lo que es salud y enfermedad nos centramos en el punto de vista de la Iridología. Esta definición de enfermedad enlaza la enfermedad con un estado de hiperactividad o hipoactividad de los órganos o tejidos de nuestro cuerpo. Este concepto de hiper o hipoactividad es bastante antiguo. D. D. Palmer, el padre de la quiropráctica en el siglo XIX afirmaba que la anormalidad en el funcionamiento corporal se halla directamente relacionada con la hiperactividad o hipoactividad en al aprovisionamiento nervioso de los tejidos, y esto a su vez causa que los tejidos y órganos se vuelvan funcionalmente hipo o hiperactivos.

Esta visión de Palmer de la causa de la enfermedad también puede usarse como principio para entender la salud en general.

Si un órgano tiene un nivel de actividad normal decimos que es saludable y está equilibrado. De la misma manera que a la hora de comer no deseamos que la comida esté demasiado fría ni demasiada caliente, una actividad histológica justo en el medio se asocia con una buena salud.

Todos conocemos lo que ocurre si un niño es hiperactivo o hipoactivo. Un niño hiperactivo es una fuente de preocupación para los padres y no es algo deseable, pero ver a un niño hipoactivo es igual de preocupante. De la misma manera sucede con nuestras células, tejidos, sistemas, aparatos y órganos corporales. Si un tejido funciona en exceso por aumento del flujo nervioso se dice que es hiperactivo o que está en un estado agudo. Por el contrario, si el órgano o tejido funciona por debajo de lo normal se dice que se encuentra en estado hipoactivo o subagudo, crónico y degenerativo. En cualquiera de estas situaciones hay una alteración. Si este estado hiperactivo o hipoactivo se prolonga en el tiempo conduce a la enfermedad con sus síntomas correspondientes. Y además debemos entender que si un órgano no funciona correctamente puede interferir con el mal funcionamiento de otros órganos. De aquí el dicho popular que una operación quirúrgica conduce a otra.

La hiperactividad

Toda hiperactividad orgánica es una condición aguda. Es un exceso de flujo nervioso tanto del sistema nervioso central o del sistema nervioso autónomo hacia el órgano en particular. En todos estos casos la hiperactividad nervioso hacia el órgano en cuestión proporciona un mayor suministro de sangre y, por lo tanto, de nutrientes. La hiperactividad orgánica es lo que está asociado con todas las enfermedades que terminan en “itis”. Es decir, una bronquitis, faringitis, otitis, etc. es un estado de hiperactividad. Es el esfuerzo orgánico por disolver, descomponer, neutralizar, destruir todo lo tóxico que está acumulándose o haciendo daño al tejido u órgano.

Entre los síntomas asociados a la hiperactividad encontramos los siguientes:

  • La persona se siente mal cuando está en reposo.
  • Dolor y malestar
  • Calor
  • Enrojecimiento
  • Inflamación
  • Fiebre
  • Irritación
  • Sensibilidad
  • Pus
  • Descarga
  • Hinchazón

Es digno de mención que a menos que un tejido sea hipoactivo y crónico por herencia, los tejidos siempre pasan por este estado de hiperactividad (agudo) antes de volverse crónicos. Así funciona el organismo. Ninguna mujer puede tener un bebé sin antes estar embarazada.

La hiperactividad paso necesario para la curación

Ante cualquier problema de salud, un primer paso necesario, imprescindible para volver a la normalidad o la salud es pasar por un período de hiperactividad. Las condiciones agudas, inflamatorias, son un primer paso para el proceso de curación.

En nuestro artículo de la ley de Hering y los procesos curativos ya explicamos algo sobre este asunto. En homotoxicología también se explica la importancia de pasar a las vicariaciones regresivas. Es decir, si estamos en un estado crónico o degenerativo, no habrá curación si no pasamos por el estado agudo o de hiperactividad.

Sin embargo, no entender esto es un verdadero problema para la salud de las personas en general. Cuando pasamos por un proceso agudo, hiperactivo, la gente desea reducir la fiebre, la inflamación y el dolor, por lo que recurren a medicamentos supresores para aliviarse de sus síntomas. Lo que la gente no sabe es que esto les lleva no a la curación real ni a restablecer su salud o calidad de vida, sino a la cronicidad. Las medicinas no curan, lo hace nuestro propio organismo con los mecanismos que la naturaleza le proporciona.

Si sabemos tratar adecuadamente los procesos hiperactivos o agudos nos llevarán a la salud. El cuidado incorrecto o supresivo, y la probable negligencia, nos conducirá a la cronicidad. Y aunque los estados crónicos son menos molestos que las etapas agudas de la enfermedad, pueden ser más destructivas a largo plazo.

La hipoactividad

La hipoactividad orgánica está asociada con el estado crónico. En este caso el flujo nervioso hacia el órgano, sistema o tejido es deficiente. El tejido no recibe ni la energía, ni la sangre, ni los nutrientes que necesita para cumplir su función. Podemos decir que todas las enfermedades que terminan en “osis” son enfermedades por hipoactividad, así como todas las enfermedades llamadas degenerativas.

Entre los síntomas asociados a la hipoactividad encontramos los siguientes:

  • Baja temperatura del tejido afectado
  • Rigidez
  • Dolor sordo o falta de dolor
  • Pérdida del funcionamiento
  • Falta de descarga
  • Falta de pus
  • Poca inflamación o ninguna

Las enfermedades por hipoactividad o enfermedades crónicas son más molestas que dolorosas, pero son serias. Se desarrollan principalmente por no haber tratado adecuadamente los síntomas de hiperactividad o enfermedades agudas. Otra posible causa de una enfermedad por hipoactividad o crónica es la debilidad hereditaria del órgano o sistema orgánico.

A diferencia de las enfermedades hiperactivas, las enfermedades crónicas son más difíciles de tratar para los médicos. Por lo general, se le dice al paciente que tiene que aprender a vivir con ella. En este punto, la enfermedad más que curada es controlada. Es aquí donde el negocio de las multinacionales farmacéuticas entra en el juego. La venta de medicamentos supresores es muy lucrativo, y es a lo que se dedica la industria farmacéutica: al mantenimiento del estado crónico o hipoactivo, no a la curación.

Este tipo de tratamiento de la enfermedad crónica es un obstáculo hacia la curación verdadera. Sólo permite que el paciente se sienta más cómodo en su estado crónico mientras que avanza irresistiblemente al estado degenerativo, tratando de posponer el día que tenga que rendir cuentas. Es aquí donde la mayor parte de la cirugía entra en juego; es como el último recurso después de años de descuido o supresión.

Cuando llegamos al estado degenerativo la hipoactividad es severa. La falta de energía nerviosa, de oxígeno, de vitaminas, de minerales, de enzimas, de hormonas, de sangre, de un sistema inmune normal, de reacción, conduce a la destrucción del tejido u órgano. En esta etapa el tejido conserva muy pocas, si acaso alguna, capacidad funcional. El resultado final de una enfermedad degenerativa es el fracaso del organismo en su intento por sobrevivir ante un estado de envenenamiento crónico.

Cómo saber si mis órganos están hiperactivos o hipoactivos: IRIDOLOGIA

Ya hemos dicho la fórmula para conocer si nuestros tejidos están hiper o hipoactivos. Por lo general, si nos diagnostican “itis” u “osis”. También hemos descrito los síntomas de ambos estados. Sin embargo, hay un método infalible, cómodo, no invasivo, integral y que no tiene comparación con nada para conocer de un vistazo el estado promedio de nuestro organismo, así como cada órgano o sistema: LA IRIDOLOGÍA.

La iridología es la ciencia que estudia el iris, pero lo estudia desde este punto de vista que hemos señalado: hiperactividad o hipoactividad. La iridología no diagnostica enfermedades, ni las clasifica, pero sí nos habla de hiper o hipoactividad orgánica.

La iridología no puede decirnos si usted tiene una úlcera de estómago, pero puede decirnos si la porción de su iris que representa de forma refleja al estómago muestra que el tejido gástrico es hipoactivo.

La iridología no puede decirnos si usted tiene cálculos biliares, pero puede decirnos si la porción de su iris que representa de forma refleja a la vesícula biliar muestra que el tejido es hipoactivo.

La iridología no puede medir si usted tiene fiebre, pero puede decirnos si ciertas porciones de su iris que representan a la garganta, faringe, bronquios, etc. se encuentran en estado de hiperactividad. Y así podríamos analizar cada órgano de su cuerpo. ¡Es algo maravilloso!

Por lo tanto, un estudio iridológico se dirige principalmente a determinar el nivel de actividad de los tejidos y no a diagnosticar o denominar enfermedades. Recuerde: los tejidos sanos no son hiperactivos ni hipoactivos, desempeñan una actividad normal. Un buen iridólogo no necesita diagnosticar enfermedades (eso es trabajo de los médicos), cuando puede definir si los tejidos son hiper o hipoactivos, agudos o crónicos.

Una última reflexión. Si nuestro organismo tiene este sencillo método de análisis para conocer nuestro estado de salud: la iridología, ¿no será que la naturaleza de las enfermedades es sólo cuestión de hiperactividad o hipoactividad? Puede parecer simplista, pero dejando a un lado las enfermedades genéticas, ¿qué es todo lo demás?

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