Salud infantil - La alimentación en el embarazo

El embarazo consta de dos procesos anabólicos:

1.- Adaptaciones fisiológicas y metabólicas de la madre.

2.-  Crecimiento y maduración del feto y placenta.

El embarazo crea en la futura madres numerosas exigencias nutricionales y se ha demostrado que algunas de las complicaciones que existen durante el embarazo, tales como la anemia, toxemia (toxinas en la sangre) y el parto prematuro pueden ser la consecuencia de una dieta inadecuada.

La experiencia clínica demuestra que los déficits intensos de calorías y proteínas originan procesos patológicos en la fase fetal o neonatal del ser humano, así como el estado nutricional de la madre antes de la gestación puede influir también en el desenlace satisfactorio de esta última.

El porcentaje de niños con poco peso al nacer (menos de 2.500 g) nacidos de madres adolescentes es considerablemente más elevado que el de niños nacidos de madres adultas. Si estos embarazos ocurren fuera del matrimonio es frecuente que la futura madre, lejos de su familia, se prive de una alimentación racional. Los requerimientos nutricionales de la adolescencia durante el embarazo varían ampliamente, ya que dependen del crecimiento y desarrollo alcanzados por la futura madre.

Los requerimientos nutricionales normales del embarazo son al menos unas 1.800 calorías. Si la madre se ciñe a estos números, su aumento de peso será normal y ni su salud, ni la del feto se verán perjudicadas. Si aumentara de peso puede suprimir o reducir el consumo de mermeladas, azúcares, dulces, etc. La leche nunca se suprimirá, pero puede ser sustituida por leche descremada.

Dieta durante el embarazo (1)

Leche, yogur o queso: Un litro (130 g de queso tipo Holanda equivalen a un litro de leche). Proporciona los 400 U.I. necesarias de vitamina D y 0,4 g de calcio y fósforo.

Huevo: Una yema cada día.

Fruta: Dos o más porciones (200 g) diarios. Una de las porciones será de cítricos y la otra de preferencia manzanas, kiwis, peras, uva y melocotón.

Hortalizas: Dos o más porciones de hortalizas hervidas o crudas, incluyendo verdura (300 g) y patatas (150 g) diarios.

Legumbres: Una porción al día de judías tiernas, guisantes, garbanzos o soja.

Fruta seca: Una porción al día de almendras, avellanas, higos o dátiles, previamente remojados unas horas.

Pan y cereales: Un mínimo de cuatro rebanadas de pan integral.

Suplementos: Variarán según el peso, la edad y la actividad de la madre y deben tomarse a título indicativo:

Proteínas: Se recomienda un suplemento de 10g/día como reserva para le feto y tejidos accesorios. Alimentos proteicos: soja, champiñones y fruta seca.

Hierro: Siendo necesario que en el dieta existan de 30.60 mg/día para la mujer gestante, se puede incluir como suplemento si la alimentación no es la adecuada. Alimentos ricos en hierro y por ello recomendables: cebollas, alcachofas, espinacas, guisantes tiernos, lentejas, berro, fruta seca y perejil.

Yodo: Un déficit de este elemento durante el embarazo puede producir bocio en el niño o en la madre. Se recomienda tomar sal yodada en aquellas zonas del interior en las que el suelo o el agua potable sean deficientes en este elemento. Alimentos ricos en yodo: habas, ajos, soja, guisantes, moras, setas y plátanos.

Vitaminas: Todas las vitaminas son necesarias para el metabolismo del tejido viviente y, por tanto, convenientes, sin abusar de ellas.

Calorías: Si la actividad física de la madre permanece constante durante el segundo o tercer trimestre del embarazo, se aconsejan unas 200 calorías suplementarias.

Debe evitarse el exceso de peso durante el embarazo. Un aumento de 10 kg se considera normal en un embarazo que transcurre óptimamente.

Nota: Si la embarazada no sigue un régimen totalmente vegetariano, una porción al día de 120 g de pescado, pero evitando especialmente las carnes de cerdo, caza, crustáceos, moluscos y mariscos.

(1) Rafael Lezaeta, en su “Manual de Alimentacióln Sana” escribre: “Cuando la mujer se note encinta, deberá observar una alimentación vegetariana, mejor crudívora, en que predominen las frutas frescas y jugosas, la miel de abejas, las frutas desecadas, como higos, pasas y dátiles, las ensaladas de verduras tiernas, las aceitunas y las semillas, como almendras, avellanas, castañas, piñones, etc.”

Fuente: Revista Vivir con salud: Dr. Lorenzo Marco-Baró y García Giró, de la Universidad de Barcelona.

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